Un recorrido por la historia de la luthería en Chile, desde los primeros antecedentes del siglo XVII hasta los constructores contemporáneos, sus maestros, talleres y vínculos con Cremona, Alemania y Argentina.

La historia del violín en Chile suele contarse desde los intérpretes, las orquestas y los grandes instrumentos que llegaron al país. Mucho menos conocida es la historia de quienes, desde distintos talleres y épocas, se dedicaron a construir, reparar y mantener esos instrumentos.

La luthería desarrollada en Chile tiene una característica que se repite prácticamente desde sus primeros antecedentes: su profunda conexión con tradiciones extranjeras.

Europa, Argentina y, más tarde, los propios talleres chilenos fueron transmitiendo conocimientos que con el paso de las generaciones terminaron formando una tradición local.

Y esa historia comienza bastante antes de lo que podríamos imaginar.

Luis Berger y un antecedente del siglo XVII

Uno de los primeros nombres documentados vinculados a los instrumentos de arco en territorio chileno es el del jesuita franco-flamenco Luis Berger, músico, artista e instrumentista que llegó a las misiones del sur de Chile durante la primera mitad del siglo XVII.

El musicólogo Víctor Rondón ha señalado la participación de Berger en las misiones de Chiloé y su relación con la introducción de instrumentos de cuerda frotada en ese territorio.

No sería correcto llamarlo simplemente “el primer luthier chileno”: Berger era europeo y, hasta donde sabemos, no existen pruebas de que haya construido personalmente rabeles o violines en Chile.

Su importancia está más bien en representar uno de los antecedentes más tempranos de la llegada y enseñanza de instrumentos de arco en el territorio.

Del rabel al violín rústico chilote

Aquí conviene hacer una distinción.

En Chile existen referencias históricas al rabel. Carlos Lavín, por ejemplo, le dedicó un estudio en la Revista Musical Chilena en 1950, y existen menciones antiguas del instrumento acompañando cantos junto al guitarrón chileno.

Sin embargo, la evidencia material es escasa. Uno de los pocos ejemplares antiguos identificados se conserva en el museo de la Universidad Católica y está relacionado con la zona de Laguna de Aculeo, no con Chiloé.

En el archipiélago, en cambio, lo que aparece con mayor claridad es el llamado violín rústico o violín chilote.

Se conservan ejemplos de este tipo de instrumento en colecciones de Puerto Montt y Ancud, y su construcción muestra cómo las comunidades locales adaptaron el violín europeo utilizando técnicas y materiales disponibles en el territorio.

Existen además similitudes que permiten relacionar estas tradiciones con instrumentos de arco populares de España, entre ellos los rabeles de Cantabria.

Por eso resulta más prudente hablar de una tradición de violines rústicos chilotes que afirmar directamente la existencia de una escuela chilota de construcción de rabeles.

Un país que todavía dependía de Europa

Al avanzar hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX encontramos un Chile con una actividad musical cada vez más desarrollada, pero todavía fuertemente dependiente de Europa cuando se trataba de instrumentos de gran calidad.

Antonio Antoncich

Un ejemplo especialmente interesante es el del coleccionista Antonio Antoncich, cuya casa en Cerro Alegre, Valparaíso, se convirtió durante las primeras décadas del siglo XX en un importante punto de encuentro musical.

Colección Antoncich documentada por Tarisio.

Antoncich llegó a reunir una extraordinaria colección de instrumentos históricos, entre ellos ejemplares asociados a nombres como Carlo Bergonzi, Antonio Stradivari, Guarneri, Amati, Guadagnini, Grancino, Tecchler y Klotz.

Uno de los episodios más reveladores ocurrió en 1926.

Violín Stradivari “Camposelice” 1699

Antoncich envió desde Chile a Londres su Stradivari “Camposelice” de 1699 para que fuese intervenido por W. E. Hill & Sons, una de las casas de luthería y expertos en instrumentos históricos más prestigiosas de la época.

El instrumento requería trabajos relacionados con algunos despegues, una pequeña grieta y el puente.

Este episodio no significa que en Chile no existieran personas capaces de reparar violines. Pero sí muestra que, cuando se trataba de intervenir un instrumento de semejante categoría, la confianza de algunos grandes coleccionistas todavía estaba depositada en los principales talleres europeos.

Precisamente durante esos años comenzaría a instalarse en Chile una tradición profesional de luthería mucho más definida.

Roberto Broschek: una tradición alemana instalada en Santiago

En 1924, el luthier alemán Roberto Broschek se estableció en Santiago de Chile.

Nacido en Ulm en 1901, había sido alumno de F. Eberlein y trabajado para Fridolin Dillenz antes de emigrar.

Una vez instalado en Chile fue nombrado luthier del Conservatorio y de la Universidad. Las referencias disponibles describen su trabajo sobre modelos clásicos y destacan el uso de buenos materiales y barnices.

Se conservan además instrumentos construidos por Broschek en Santiago, entre ellos violines fechados durante la década de 1930.

Su importancia va más allá de sus propios instrumentos.

Broschek representa la llegada y establecimiento en Chile de una tradición profesional europea de construcción de violines, ya no solamente asociada a reparaciones ocasionales o fabricación artesanal.

Su trabajo tuvo además continuidad familiar. Más adelante fue asistido por su hijo Harald Broschek, prolongando el oficio dentro del país.

Valdivia y la institucionalización de la luthería

Humberto Aguila 2026, entrevista para DeViolin

Décadas más tarde, un nuevo capítulo comenzó en el sur de Chile con Humberto Águila.

Águila egresó en 1973 de la Escuela de Luthería “Alfredo Del Lungo”, de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, una de las instituciones históricas dedicadas a la formación de luthiers en Sudamérica.

Después regresó a Valdivia, donde impulsó bajo el alero de la Universidad Austral de Chile un taller dedicado a la enseñanza de la luthería. Con el tiempo, aquel proyecto llegó a transformarse en un bachillerato de la especialidad y constituyó uno de los primeros intentos de establecer una formación sistemática de luthiers dentro de Chile. La propia Universidad Austral reconoce a Águila como fundador de aquel primer taller.

La experiencia terminaría años más tarde cuando Águila dejó Valdivia y se trasladó a Concepción, donde continuó desarrollando paralelamente sus dos oficios: la construcción y restauración de instrumentos y su actividad musical como violista de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción.

Su relación con la formación extranjera tampoco terminó en Tucumán. Ya varias décadas después, durante los años 2000, viajó a Cremona para continuar perfeccionándose en construcción y restauración de instrumentos.

Hoy, ya jubilado de su carrera orquestal, continúa trabajando con músicos y atendiendo instrumentos desde su taller. La transmisión del oficio continúa incluso dentro de su propia familia, enseñando actualmente luthería a su nieto.

La tradición iniciada en Valdivia también continuó a través de algunos de sus alumnos. Entre ellos podemos mencionar a Nicanor Oporto, quien posteriormente desarrolló su propio trabajo como constructor en la ciudad.

Este cambio mejora bastante la historia porque ahora Águila deja de parecer alguien que simplemente “estudió afuera y volvió”. Su recorrido completo es bastante más interesante:

Tucumán → Valdivia y creación de enseñanza local → Concepción como músico y luthier → Cremona décadas después → transmisión del oficio hasta una nueva generación familiar.

Y además nos arregla la sección posterior sobre Cremona: allí ya no deberíamos decir que Águila “pasó por Cremona después de Tucumán” como si hubiese ocurrido inmediatamente. Hay que especificar que su perfeccionamiento cremonés ocurrió décadas después, mientras que Rudy Vera sí representa el caso de formación institucional en el Instituto Stradivari.

Hernán Dávila: formación internacional y transmisión local

Hernán Dávila en su taller

La trayectoria de Hernán Dávila Hernández constituye otro buen ejemplo de este patrón internacional.

Hacia 1994 comenzó a vincularse profesionalmente al oficio a través de Walter Kirschfink.

Su aprendizaje continuó con el maestro argentino Gustavo Acosta y posteriormente con el luthier Pedro López Seco, de quien recibió sus primeras instrucciones en retoque de barnices.

Más adelante tomó su primer curso de construcción con la alemana Bäerbel Bellinhausen.

También trabajó aspectos de restauración con Tobías Hepp, igualmente alemán, a quien atribuye una parte importante de sus conocimientos en esa área.

Años después tuvo la oportunidad de trabajar en el taller de Hieronymus Köstler, en Stuttgart, Alemania.

Dávila recuerda esa experiencia no solamente como un aprendizaje técnico, sino como la incorporación de una filosofía de trabajo basada en el respeto hacia los grandes constructores y los instrumentos históricos.

Su propio taller comenzó a funcionar hacia 2001, inicialmente enfocado en reparaciones y restauraciones, y posteriormente también en la construcción de instrumentos.

De alumnos a nuevos talleres

Dávila también ha dedicado una parte importante de su trayectoria a la enseñanza.

Entre las personas que han pasado por procesos de formación con él se encuentran Anton Ibacache, Andrés Herrera Caltagirone, Antonio Poblete, Alan Smith Estay, Moisés Maldonado Córdoba, Harry Abarza y Dan Rosales Núñez, además de varios otros que actualmente trabajan vinculados a la luthería.

Con esto podemos demostrar que el conocimiento que durante décadas debía buscarse principalmente fuera de Chile comenzó también a transmitirse desde talleres establecidos dentro del país.

Cremona y la formación internacional de los luthiers en Chile

La trayectoria de Dávila vuelve a mostrar hasta qué punto la formación de los luthiers que trabajaban en Chile estuvo históricamente ligada al extranjero.

Argentina y Alemania fueron destinos importantes, pero existe una ciudad que aparece una y otra vez cuando se habla de construcción de violines: Cremona.

La ciudad italiana asociada a Amati, Stradivari y Guarneri continúa siendo uno de los grandes centros mundiales de formación y construcción de instrumentos de arco.

Entre los luthiers vinculados a Chile, Rudy Vera ocupa un lugar particular por haberse formado directamente en el Instituto Stradivari de Cremona, siguiendo allí una formación institucional en construcción de instrumentos.

Otros luthiers han tenido experiencias diferentes en la ciudad.

Humberto Águila, por ejemplo, realizó allí estudios y perfeccionamientos después de su formación en Tucumán.

No todas estas experiencias fueron equivalentes en duración ni modalidad. Algunos realizaron procesos formativos extensos, mientras otros viajaron para perfeccionamientos, cursos o pasantías.

Pero todas muestran una característica constante de la luthería desarrollada en Chile: su estrecha relación con centros internacionales de formación.

En el caso de Rudy Vera, esa experiencia regresaría después a Chile no solo a través de su trabajo como constructor y restaurador, sino también mediante el aprendizaje cotidiano de quienes trabajaron junto a él.

Una nueva generación

La tradición continúa hoy con constructores de generaciones y recorridos distintos.

No buscamos establecer aquí un ranking, sino observar cómo el aprendizaje sigue moviéndose entre Chile, Sudamérica y Europa.

Carlos Ramallo

Carlos Ramallo junto a su mentor Carlos López

Carlos Ramallo, nacido en Bolivia, llegó a Chile porque fue la primera alternativa concreta que se le presentó para comenzar su camino dentro de la luthería.

Su entrada al oficio estuvo inicialmente vinculada a la guitarra.

Como guitarrista comenzó a interesarse por la construcción y posteriormente trabajó como ayudante en el taller del constructor de guitarras Carlos López, quien no tuvo inconvenientes en transmitirle el oficio pese a tratarse de un joven extranjero.

Más adelante conoció la existencia de la Escuela de Luthería “Alfredo Del Lungo”, de la Universidad Nacional de Tucumán, donde continuó su formación especializada.

Actualmente construye violines, violas y violoncellos, además de desarrollar trabajos de reparación y restauración.

Su recorrido vuelve a mostrar una constante dentro de esta historia: una primera transmisión del oficio en Chile complementada posteriormente con formación especializada fuera del país.

Rudy Vera y la transmisión desde el taller

La experiencia de Rudy Vera después de su formación en Cremona tuvo también una dimensión importante dentro de Chile.

Además de desarrollar su trabajo como luthier, su taller se convirtió en un espacio donde otros constructores pudieron adquirir experiencia práctica trabajando directamente con instrumentos y músicos.

Uno de ellos fue Simón González.

Simón González

Simon González reparando un violín Riccardo Antoniazzi de 1910 que perteneció al violinista Sergio Prieto

Parte de su formación incluyó el estudio de sistemas históricos de diseño de instrumentos con Dmitry Badiarov.

Sin embargo, el propio González considera que su formación más importante fue el periodo en que trabajó codo a codo con Rudy Vera en el taller, en una etapa de intensa actividad y contacto constante con músicos profesionales.

También realizó una breve pasantía con Stefan Sielaff, centrada principalmente en restauración.

Su recorrido muestra algo que para estas generaciones comienza a cambiar: parte importante del aprendizaje ya puede producirse dentro de talleres establecidos en Chile, complementándose posteriormente con maestros y experiencias internacionales.

Una tradición chilena con raíces internacionales

Al observar esta historia completa aparece un patrón difícil de ignorar.

La construcción y restauración de instrumentos de arco en Chile no parece haberse desarrollado como una escuela cerrada ni como una tradición única e ininterrumpida.

Por el contrario, ha sido una historia de circulación.

Luis Berger llegó desde Europa durante el siglo XVII.

Roberto Broschek llevó a Santiago su formación alemana.

Humberto Águila viajó a Tucumán y posteriormente a Cremona antes de regresar a Valdivia.

Hernán Dávila combinó el aprendizaje con maestros argentinos y alemanes con una experiencia posterior en Stuttgart.

Rudy Vera se formó en el Instituto Stradivari de Cremona y llevó posteriormente esa experiencia a su trabajo en Chile.

Carlos Ramallo inició su camino en Chile y continuó después su formación en Tucumán.

Y constructores jóvenes como Simón González combinan hoy la experiencia directa en talleres chilenos con maestros y especialistas de otros países.

Pero existe una diferencia fundamental respecto de hace un siglo.

Hoy ya no todo el conocimiento tiene que comenzar fuera de Chile

Los talleres establecidos en el país forman alumnos.

Los antiguos alumnos crean sus propios espacios.

Las nuevas generaciones pueden iniciar aquí su aprendizaje y posteriormente complementar esa experiencia mediante escuelas, pasantías o especializaciones en el extranjero.

Esa puede ser una de las transformaciones más importantes de la luthería desarrollada en Chile:

el paso gradual desde importar el oficio a también transmitirlo.

Una historia todavía por reconstruir

Este artículo no pretende ser una lista definitiva de luthiers ni mucho menos un ranking de constructores.

La historia del oficio en Chile todavía tiene espacios importantes por reconstruir, especialmente durante los siglos XVIII, XIX y las primeras décadas del XX.

Probablemente existieron constructores, reparadores y talleres de los que hoy tenemos muy poca documentación.

Nuevos nombres seguramente aparecerán al revisar instrumentos, etiquetas, archivos familiares, registros universitarios y testimonios de músicos.

Lo que ya podemos observar, sin embargo, es una tradición mucho más antigua y rica de lo que podría parecer a primera vista.

Desde los primeros antecedentes de instrumentos de arco en el Chile del siglo XVII hasta los talleres contemporáneos han pasado casi cuatro siglos.

Los instrumentos cambiaron, los maestros cambiaron y los lugares donde se aprende también.

El oficio, en cambio, continúa.


Omar Lara Espinoza

Fundador De Violin

Luthier chile Luthieres